Cada clase de árbol tiene una hoja de forma diferente. Podemos reconocer la mayoría de los
árboles por la hoja que tienen. Las hojas son casi siempre verdes, pero a veces otro color, por
ejemplo el rojo, cubre el verde. La sustancia verde que encontramos en las hojas se denomina
clorofila.
Las hojas fabrican alimentos para el árbol. Para poder fabricarlos necesitan el agua y las sales
minerales que las raíces han sacado de la tierra y que son transportadas por medio de tubitos
hacia las venas de las hojas.
Las hojas necesitan también sol y un gas del aire que se llama dióxido de carbono. La clorofila
verde que se encuentra en las hojas utiliza los rayos del sol para transformar el agua, el dióxido
de carbono y las sales minerales en alimento. La mayoría de los árboles no crecen bien a la
sombra porque no hay bastante sol para que las plantas fabriquen el alimento que necesitan.
Muchos árboles pierden las hojas en invierno. Estos árboles se llaman deciduos o de hoja
caduca. Unos cuantos ejemplos son: el roble, el fresno, el haya, el manzano… En primavera a
los árboles deciduos les salen nuevas hojas.
Algunos árboles no pierden las hojas en invierno. Se llaman árboles de hoja perenne. Entre
ellos está el pino, la encina, el laurel… No todas las hojas de un árbol de hoja perenne duran
siempre, van cayendo a lo largo del año para renovarse. Si os fijáis en el suelo de debajo de
uno de estos árboles veréis las hojas que han caído.
T. Jennings, Els arbres. Ed. Cruïlla
1. Relaciona cada idea con el párrafo en que aparece:
a) El sol es necesario para la vida del árbol. Párrafo ...
b) Las hojas de los árboles son diferentes. Párrafo ...
c) Las hojas fabrican alimentos. Párrafo ...
d) Los árboles de hoja caduca pierden sus hojas en invierno. Párrafo...
e) La clorofila es verde y está en las hojas. Párrafo ...
f) Los árboles de hoja perenne conservan sus hojas. Párrafo ...
2. Completa el siguiente resumen con las informaciones del texto:
Las hojas de los árboles tienen
La clorofila es ...
La clorofila utiliza el sol ...
Los árboles de hoja caduca pierden ...
Los de hoja perenne se renuevan ...
3. Responde con tus palabras a las siguientes preguntas:
a) ¿Cuál es la función de las hojas de los árboles?
b) ¿Y la de las raíces?
c) ¿Qué le ocurre al árbol si no hay bastante sol?
d) ¿Cómo llegan los nutrientes de la tierra a las hojas?
4. Clasifica los siguientes árboles según el tipo de hoja que tienen: roble, pino, encina, fresno,
haya, laurel, manzano.
5. Explica cómo se alimentan los árboles.
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viernes, 25 de mayo de 2018
domingo, 4 de septiembre de 2016
A LEER!!!
Riquet el del Copete
[Cuento - Texto completo.]
Charles Perrault
Había una vez una reina que dio a luz un hijo tan feo y tan contrahecho que mucho se dudó si tendría forma humana. Un hada, que asistió a su nacimiento, aseguró que el niño no dejaría de tener gracia pues sería muy inteligente, y agregó que en virtud del don que acababa de concederle él podría darle tanta inteligencia como la propia a la persona que más quisiera.
Todo esto consoló un poco a la pobre reina que estaba muy afligida por haber echado al mundo un bebé tan feo. Es cierto que este niño, no bien empezó a hablar, decía mil cosas lindas, y había en todos sus actos algo tan espiritual que irradiaba encanto. Olvidaba decir que vino al mundo con un copete de pelo en la cabeza, así es que lo llamaron Riquet-el-del-Copete, pues Riquet era el nombre de familia.
Al cabo de siete u ocho años, la reina de un reino vecino dio a luz dos hijas. La primera que llegó al mundo era más bella que el día; la reina se sintió tan contenta que llegaron a temer que esta inmensa alegría le hiciera mal. Se hallaba presente la misma hada que había asistido al nacimiento del pequeño Riquet-el-del-Copete, y para moderar la alegría de la reina le declaró que esta princesita no tendría inteligencia, que sería tan estúpida como hermosa. Esto mortificó mucho a la reina; pero algunos momentos después tuvo una pena mucho mayor pues la segunda hija que dio a luz resultó extremadamente fea.
-No debe afligirse, señora -le dijo el hada- su hija tendrá una compensación: estará dotada de tanta inteligencia que casi no se notará su falta de belleza.
-Dios lo quiera -contestó la reina-; pero, ¿no había forma de darle un poco de inteligencia a la mayor que es tan hermosa?
-No tengo ningún poder, señora, en cuanto a la inteligencia, pero puedo todo por el lado de la belleza; y como nada dejaría yo de hacer por su satisfacción, le otorgaré el don de volver hermosa a la persona que le guste.
A medida que las princesas fueron creciendo, sus perfecciones crecieron con ellas y por doquier no se hablaba más que de la belleza de la mayor y de la inteligencia de la menor. Es cierto que también sus defectos aumentaron mucho con la edad. La menor se ponía cada día más fea, y la mayor cada vez más estúpida. O no contestaba lo que le preguntaban, o decía una tontería. Era además tan torpe que no habría podido colocar cuatro porcelanas en el borde de una chimenea sin quebrar una, ni beber un vaso de agua sin derramar la mitad en sus vestidos.
Aunque la belleza sea una gran ventaja para una joven, la menor, sin embargo, se destacaba casi siempre sobre su hermana en las reuniones. Al principio, todos se acercaban a la mayor para verla y admirarla, pero muy pronto iban al lado de la más inteligente, para escucharla decir mil cosas ingeniosas; y era motivo de asombro ver que en menos de un cuarto de hora la mayor no tenía ya a nadie a su lado y que todo el mundo estaba rodeando a la menor. La mayor, aunque era bastante tonta, se dio cuenta, y habría dado sin pena toda su belleza por tener la mitad del ingenio de su hermana.
La reina, aunque era muy prudente, no podía a veces dejar de reprocharle su tontera, con lo que esta pobre princesa casi se moría de pena. Un día que se había refugiado en un bosque para desahogar su desgracia, vio acercarse a un hombre bajito, muy feo y de aspecto desagradable, pero ricamente vestido. Era el joven príncipe Riquet-el-del-Copete que, habiéndose enamorado de ella por sus retratos que circulaban profusamente, había partido del reino de su padre para tener el placer de verla y de hablar con ella.
Encantado de encontrarla así, completamente sola, la abordó con todo el respeto y cortesía imaginables.
Habiendo observado, luego de decirle las amabilidades de rigor, que ella estaba bastante melancólica, él le dijo:
-No comprendo, señora, cómo una persona tan bella como usted puede estar tan triste como parece; pues, aunque pueda vanagloriarme de haber visto una infinidad de personas hermosas, debo decir que jamás he visto a alguien cuya belleza se acerque a la suya.
-Usted lo dice complacido, señor -contestó la princesa, y no siguió hablando.
-La belleza, replicó Riquet-el-del-Copete, es una ventaja tan grande que compensa todo lo demás; y cuando se tiene, no veo que haya nada capaz de afligirnos.
-Preferiría -dijo la princesa-, ser tan fea como usted y tener inteligencia, que tener tanta belleza como yo y ser tan estúpida como soy.
-Nada hay, señora, que denote más inteligencia que creer que no se tiene, y es de la naturaleza misma de este bien que mientras más se tiene, menos se cree tener.
-No sé nada de eso -dijo la princesa- pero sí sé que soy muy tonta, y de ahí viene esta pena que me mata.
-Si es sólo eso lo que le aflige, puedo fácilmente poner fin a su dolor.
-¿Y cómo lo hará? -dijo la princesa.
-Tengo el poder, señora -dijo Riquet-el-del-Copete- de otorgar cuanta inteligencia es posible a la persona que más llegue a amar, y como es usted, señora, esa persona, de usted dependerá que tenga tanto ingenio como se puede tener, si consiente en casarse conmigo.
La princesa quedó atónita y no contestó nada.
-Veo -dijo Riquet-el-del-Copete- que esta proposición le causa pena, y no me extraña; pero le doy un año entero para decidirse.
La princesa tenía tan poca inteligencia, y a la vez tantos deseos de tenerla, que se imaginó que el término del año no llegaría nunca; de modo que aceptó la proposición que se le hacía.
Tan pronto como prometiera a Riquet-el-del-Copete que se casaría con él dentro de un año exactamente, se sintió como otra persona; le resultó increíblemente fácil decir todo lo que quería y decirlo de una manera fina, suelta y natural. Desde ese mismo instante inició con Riquet-el-del-Copete una conversación graciosa y sostenida, en que se lució tanto que Riquet-el-del-Copete pensó que le había dado más inteligencia de la que había reservado para sí mismo.
Cuando ella regresó al palacio, en la corte no sabían qué pensar de este cambio tan repentino y extraordinario, ya que por todas las sandeces que se le habían oído anteriormente, se le escuchaban ahora otras tantas cosas sensatas y sumamente ingeniosas. Toda la corte se alegró a más no poder; sólo la menor no estaba muy contenta pues, no teniendo ya sobre su hermana la ventaja de la inteligencia, a su lado no parecía ahora más que una alimaña desagradable. El rey tomaba en cuenta sus opiniones y aun a veces celebraba el consejo en sus aposentos.
Habiéndose difundido la noticia de este cambio, todos los jóvenes príncipes de los reinos vecinos se esforzaban por hacerse amar, y casi todos la pidieron en matrimonio; pero ella encontraba que ninguno tenía inteligencia suficiente y los escuchaba a todos sin comprometerse. Sin embargo, se presentó un pretendiente tan poderoso, tan rico, tan genial y tan apuesto que no pudo refrenar una inclinación hacia él. Al notarlo, su padre le dijo que ella sería dueña de elegir a su esposo y no tenía más que declararse. Pero como mientras más inteligencia se tiene más cuesta tomar una resolución definitiva en esta materia, ella luego de agradecer a su padre, le pidió un tiempo para reflexionar.
Fue casualmente a pasear por el mismo bosque donde había encontrado a Riquet-el-del-Copete, a fin de meditar con tranquilidad sobre lo que haría. Mientras se paseaba, hundida en sus pensamientos, oyó un ruido sordo bajo sus pies, como de gente que va y viene y está en actividad. Escuchando con atención, oyó que alguien decía: “Tráeme esa marmita”; otro: “Dame esa caldera”; y el otro: “Echa leña a ese fuego”. En ese momento la tierra se abrió, y pudo ver, bajo sus pies, una especie de enorme cocina llena de cocineros, pinches y toda clase de servidores como para preparar un magnífico festín. Salió de allí un grupo de unos veinte encargados de las carnes que fueron a instalarse en un camino del bosque alrededor de un largo mesón quienes, tocino en mano y cola de zorro en la oreja, se pusieron a trabajar rítmicamente al son de una armoniosa canción.
La princesa, asombrada ante tal espectáculo, les preguntó para quién estaban trabajando.
-Es -contestó el que parecía el jefe- para el príncipe Riquet-el-del-Copete, cuyas bodas se celebrarán mañana.
La princesa, más asombrada aún, y recordando de pronto que ese día se cumplía un año en que había prometido casarse con el príncipe Riquet-el-del-Copete, casi se cayó de espaldas. No lo recordaba porque, cuando hizo tal promesa, era estúpida, y al recibir la inteligencia que el príncipe le diera, había olvidado todas sus tonterías.
No había alcanzado a caminar treinta pasos continuando su paseo, cuando Riquet-el-del-Copete se presentó ante ella, elegante, magnífico, como un príncipe que se va a casar.
-Aquí me ve, señora -dijo él- puntual para cumplir con mi palabra, y no dudo que usted esté aquí para cumplir con la suya y, al concederme su mano, hacerme el más feliz de los hombres.
-Le confieso francamente -respondió la princesa- que aún no he tomado una resolución al respecto, y no creo que jamás pueda tomarla en el sentido que usted desea.
-Me sorprende, señora -le dijo Riquet-el-del-Copete.
-Pues eso creo -replicó la princesa- y seguramente si tuviera que habérmelas con un patán, un hombre sin finura, estaría harto confundida. Una princesa no tiene más que una palabra, me diría él, y se casará conmigo puesto que así lo prometió. Pero como el que está hablando conmigo es el hombre más inteligente del mundo, estoy segura que atenderá razones. Usted sabe que cuando yo era sólo una tonta, no pude resolverme a aceptarlo como esposo; ¿cómo quiere que teniendo la lucidez que usted me ha otorgado, que me ha hecho aún más exigente respecto a las personas, tome hoy una resolución que no pude tomar en aquella época? Si pensaba casarse conmigo de todos modos, ha hecho mal en quitarme mi simpleza y permitirme ver más claro que antes.
-Puesto que un hombre sin genio -respondió Riquet-el-del-Copete- estaría en su derecho, según acaba de decir, al reprochar su falta de palabra, ¿por qué quiere, señora, que no haga uno de él, yo también, en algo que significa toda la dicha de mi vida? ¿Es acaso razonable que las personas dotadas de inteligencia estén en peor condición que los que no la tienen? ¿Puede pretenderlo, usted que tiene tanta y que tanto deseó tenerla? Pero vamos a los hechos, por favor. ¿Aparte de mi fealdad, hay alguna cosa en mí que le desagrade? ¿Le disgustan mi origen, mi carácter, mis modales?
-De ningún modo -contestó la princesa- me agrada en usted todo lo que acaba de decir.
-Si es así -replicó Riquet-el-del-Copete- seré feliz, ya que usted puede hacer de mí el más atrayente de los hombres.
-¿Cómo puedo hacerlo? -le dijo la princesa.
-Ello es posible -contestó Riquet-el-del-Copete- si me ama lo suficiente como para desear que así sea; y para que no dude, señora, ha de saber que la misma hada que al nacer yo, me otorgó el don de hacer inteligente a la persona que yo quisiera, le otorgó a usted el don de darle belleza al hombre que ame si quisiera concederle tal favor.
-Si es así -dijo la princesa- deseo con toda mi alma que se convierta en el príncipe más hermoso y más atractivo del mundo; y le hago este don en la medida en que soy capaz.
Apenas la princesa hubo pronunciado estas palabras, Riquet-el-del-Copete pareció antes sus ojos el hombre más hermoso, más apuesto y más agradable que jamás hubiera visto. Algunos aseguran que no fue el hechizo del hada, sino el amor lo que operó esta metamorfosis. Dicen que la princesa, habiendo reflexionado sobre la perseverancia de su amante, sobre su discreción y todas las buenas cualidades de su alma y de su espíritu, ya no vio la deformidad de su cuerpo, ni la fealdad de su rostro; que su joroba ya no le pareció sino la postura de un hombre que se da importancia, y su cojera tan notoria hasta entonces a los ojos de ella, la veía ahora como un ademán, que sus ojos bizcos le parecían aún más penetrantes, en cuya alteración veía ella el signo de un violento exceso de amor y, por último, que su gruesa nariz enrojecida tenía algo de heroico y marcial.
Comoquiera que fuese, la princesa le prometió en el acto que se casaría con él, siempre que obtuviera el consentimiento del rey su padre.
El rey, sabiendo que su hija sentía gran estimación por Riquet-el-del-Copete, a quien, por lo demás, él consideraba un príncipe muy inteligente y muy sabio, lo recibió complacido como yerno.
Al día siguiente mismo se celebraron las bodas, tal como Riquet-el-del-Copete lo tenía previsto y de acuerdo a las órdenes que había impartido con mucha anticipación.
MORALEJA
Lo que observamos en este cuento
más que ficción es verdad pura:
En quien amamos vemos talento,
todo lo amado tiene hermosura.
más que ficción es verdad pura:
En quien amamos vemos talento,
todo lo amado tiene hermosura.
OTRA MORALEJA
En alguien puede la naturaleza
haber puesto colorido y belleza
que jamás el arte logrará igualar.
Mas para conmover a un corazón sensible
menos puede ese don que la gracia invisible
que el amor llega a detectar.
En alguien puede la naturaleza
haber puesto colorido y belleza
que jamás el arte logrará igualar.
Mas para conmover a un corazón sensible
menos puede ese don que la gracia invisible
que el amor llega a detectar.
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refuerza la lectura RIQUETE EL DEL COPETE.
lunes, 29 de agosto de 2016
LEER
La lectura es la llave que nos abre un mundo infinito de fantasías que nos transportan a mundos posibles en que no sólo aprendemos sobre la vida, sino que nos estimula a pensar.
Juan Delval
Una de las principales metas en la educación primaria es lograr que los niños y niñas alcancen la competencia lectora, es decir que “lean bien”. Pero ¿qué es leer bien?
Seguramente vendrán a su mente varias ideas, Leer es un proceso interactivo que consiste en captar, extraer, comprender, valorar y utilizar el significado de un texto.
Muchas personas piensan que leer es el proceso de reconocer letras, unirlas y formar palabras, es decir, descifrar los signos escritos, lo que se llama decodificar. También, hay quienes piensan que lo importante es que los estudiantes lean claramente y con rapidez. Sin embargo, aunque estos elementos son importantes, “saber leer bien” implica la construcción de significados, a partir de la interacción entre el texto y el lector, que juntos determinan la comprensión de lo leído. De ahí que se hable de la lectura como un proceso interactivo.
La competencia lectora de acuerdo con el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes –PISA– (2006) es “la capacidad de un individuo para comprender, emplear información y reflexionar a partir de textos escritos, con el fin de lograr sus metas individuales, desarrollar sus conocimientos y potencial personal y participar en la sociedad”.
Del análisis de estos conceptos podemos deducir que la función principal cuando se enseña a leer, no es solamente lograr que los estudiantes lean de forma clara y rápida, sino que comprendan lo que leen, que reflexionen acerca del significado de lo leído y puedan valorarlo.
lunes, 4 de julio de 2016
jueves, 23 de junio de 2016
EL CUENTO DE LA CEBOLLA
Había una vez un huerto lleno de
hortalizas y árboles frutales. Daba gusto sentarse a la sombra de los árboles.
Pero un buen día, empezaron a nacer unas cebollas especiales. Cada una tenía un
color diferente; rojo, amarillo, naranja, morado... Los colores eran
deslumbrantes, como el color de una mirada o de un bonito recuerdo.
Después de varias investigaciones, resultó que cada cebolla
tenía dentro en el mismísimo corazón una piedra preciosa. Ésta tenía un
topacio, otra un rubí, otra una esmeralda... Pero por alguna incomprensible
razón se empezó a decir que aquello era peligroso, inadecuado y hasta
vergonzoso. Total que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder
su piedra preciosa con capas, cada vez más oscuras y feas, para disimular como
eran por dentro.
Hasta convertirse en cebollas vulgares e incluso otras
optaron por esconderse entre la tierra nuevamente. Pasó por allí un sabio que
le gustaba sentarse a la sombra del huerto y que entendía el lenguaje de las
cebollas, empezó a hablar con cada una de ellas y les preguntó:
SABIO: ¿Por qué no te muestras como eres por dentro?
Unas contestaron: Porque me obligaron a ser así...
OTRAS… No sé, pero me enseñaron a parecerme a los demás…
Otras… Porque me duele el rechazo…
Todas coincidieron en que las capas se las fueron poniendo
otras “normales” e incluso ellas mismas lo hacían para evitar que les
etiquetaran como algo “raro”
El sabio se echó a llorar, pensando en la “atrocidad” que se
estaba cometiendo con tan valiosas cebollas y cuando la gente le vio llorando,
pensó que llorar ante las cebollas era de sabios. Por eso desde ese día, todo
el mundo llora cuando una cebolla nos abre su corazón.
Aquí acaba el cuento y empieza la investigación:
¿Cuáles son tus
capas?
¿Cuál tu piedra
preciosa?
¿Puedes quitar esas
capas?
Recomienda este cuento a todas esas personas que por algún
motivo les han hecho sentir que ser diferente es negativo y que hay que
"eliminar u ocultar" todo aquello que no entra en lo que algunas
personas consideran que es "lo normal" y les han hecho ocultarse
entre capas "normalizadas". Una buena autoevaluación a nosotr@s
mism@s sería el hacerse estas preguntas y quizás nos sorprenda la cantidad de
capas que nos hemos impuesto por querer "parecernos" o
"pertenecer" a un determinado grupo.
lunes, 13 de junio de 2016
MITOS LEYENDAS Y CUENTOS PERUANOS
MITOS, LEYENDAS Y
CUENTOS PERUANOS
Edición de José María Arguedas y Francisco Izquierdo Ríos
El médano Blanco (Piura)
En el distrito
de Sechura, en el desierto, a unos veinte kilómetros de la población, se
encuentra un inmenso médano, que por la blancura de sus arenas le llaman médano
Blanco.
Éste es muy
alto, nadie puede subirlo, porque dicen que está encantado.
Está rodeado
de forraje y cuentan los pastores que habitan por allí, que siempre oían tocar
un tamborcito pero que nunca llegó a ser descubierto quién lo tocaba. En el
centro del médano, hay corales y cosas de oro, por eso la gente quería subir; y
apenas habrían subido cinco a seis metros, comenzaban a hundirse; y como tenían
miedo, no continuaban.
Se cuenta que
dos señores, yendo por esos lugares se perdieron del camino. Cuando se dieron
cuenta que estaban perdidos ya habían caminado bastante; tenían sed y no
encontraron donde tomar agua.
Caminaron más
y más, buscando cómo orientarse. De pronto, vieron un río, se alegraron y se
dirigieron a él. Cuando llegaron hicieron beber a sus caballos. Ellos llevaban
dos depósitos y también los llenaron de agua. Creían que era el río de Batán,
que pasa cerca de Sechura; pero como estaban cansados, se quedaron a descansar
y se durmieron. Cuando despertaron, cuál sería su sorpresa al ver que el río
era un médano; los depósitos que llenaron de agua estaban llenos de arena.
Estaban encantados; este médano era el famoso médano Blanco, y no sabían cómo
llegaron a él.
Dicen que en
época de Semana Santa aparecen varios de esos llamados encantos, junto al
médano; también dicen que aparece un patito; y creen que éste fue una persona
que por curiosa subió al médano y se quedó encantada. Algunas veces el patito
aparece en los ríos, transformado en patito de oro, y cuando encuentra alguna
persona buena, sale a hablarle, diciéndole que en tal o cual lugar hay un
tesoro reservado para él.
La playa de Yasila
(Piura)
Yasila es una
atrayente playa situada en las proximidades de Paita.
Acerca del
origen de este nombre unos dicen que viene de dos palabras que se unieron. Un
joven llamado Zila vivía en esa playa, y cuando sus familiares lo llamaban, le
decían «Ya Zila», y al unirse estas dos palabras, llamaron a esta atrayente
playa «Yasila».
Según otros el
origen de la palabra se remonta a los tiempos del último inca de una región
llamada Chinchasuyo. Había entonces una familia muy respetada y en ella siempre
se destacaba el hijo mayor como sabio, o sea, Amauta.
En aquel
tiempo la tribu nombró como cacique a un hombre llamado Yucay, el cual era
enemigo del Amauta. Siempre, desde su infancia, el hijo de la familia se había
distinguido por su ingenio, es decir, el hijo de la familia respetada. Este
hijo era entonces Huayna, contemporáneo de Yucay. En cambio Yucay era
envidioso, y siempre buscaba la forma de deshacer el trabajo de Huayna, pero
éste, que era más hábil que Yucay, lograba evitarlo.
Pasaron
algunos años hasta que Yucay se destacó como guerrero y lo elevaron a cacique.
Lo primero que hizo fue expulsar a la familia de Huayna, y ordenó que se retiraran
en secreto, durante la noche. La familia de Huayna se componía de siete
personas, y salieron en más de 100 llamas, pues se les permitió que llevaran
sus tesoros.
El viaje fue
penoso, hasta que llegaron a una playa solitaria. Y sintieron temor; pero luego
se acostumbraron a la soledad, y decidieron quedarse. Y empezaron a construir
sus viviendas.
Pero como la
felicidad nunca es duradera, cierto día unos indios desconocidos,
incivilizados, llegaron a perturbarles su tranquilidad, atacándolos. Ellos
pensaron en salvarse y se embarcaron en un gran bote, gimiendo y pidiendo
ayuda. Mas, viendo que todo era inútil, resolvieron callarse.
La familia de
Huayna continuó navegando en su canoa, cantando himnos al sol, y en sus
estrofas decían varias veces: «Yasila, Yasila». De allí que la gente de
aquellos tiempos optó por llamarle a este lugar Yasila.
El pueblo de
Narihualá
(Piura)
A pocos
kilómetros de la ciudad de Catacaos existe un pueblecito llamado Narihualá.
Este pueblo, según relatos históricos y los restos encontrados, fue poblado por
varias tribus. En tiempo en que los tallanes poblaron esta ciudad, vivían formando
ayllus que se dedicaban al pastoreo y la agricultura.
Al tener
noticias de que el conquistador Francisco Pizarro se encontraba cerca del
pueblo, se llenaron de espanto, y se enterraron vivos, con todas las riquezas
que poseían, a fin de que los españoles no se apoderaran de ellas. También dicen
que este pueblo tenía un grandioso templo dedicado al culto del Sol, adornado
con objetos de gran valor.
Entre estos
objetos existía una campana de oro; al descubrirla, los españoles se llenaron
de admiración; y aumentó más su codicia. Se arrojaron para capturar la campana,
pero ella se desplomó, y cayó al suelo, hundiéndose; y no fue posible encontrarla
a pesar de los esfuerzos de los españoles. Hoy este pueblo tiene pocos
habitantes; y todavía existen paredes de casas antiguas. La iglesia está construida
sobre una lomita de tierra, a la cual se le ha denominado el Alto de Narihualá.
Cuentan los
pobladores que el día de Viernes Santo sale un indiecito que lleva en la mano
derecha un candil encendido y en la izquierda una campana que al tocarla hace
gran ruido; y que este día es el apropiado para hacer la búsqueda de los
objetos enterrados.
Muchas veces
han encontrado sepulcros rodeados de objetos de oro, plata y huacos que
contienen dentro gran cantidad de perlas.
Está prohibido
por el Gobierno y las autoridades apoderarse de estas
riquezas,
aplicando serios castigos a los que desobedecen esta orden.
La barquita
misteriosa
(Piura)
En el
departamento de Piura, como sabemos, se encuentra Cabo
Blanco. Dicen
que en este sitio ocurrió un caso que hasta ahora se recuerda con mucho temor.
Pues cuentan que gentes que se dedicaban a
la pesca en
las noches iban en su bote a pescar cerca de Cabo Blanco, pero no volvían nunca
más; sólo su barca era devuelta por las olas a la orilla, pero sin la menor
seña de algún pobre pescador; desaparecían misteriosamente, como por encanto. Y
cuentan que todas las noches aparecía un barquito luminoso a pasearse y
navegar; y luego desaparecía en la inmensidad de las aguas. En Semana Santa era
cuando los dedicados a la pesca sentían un impulso de irse muy adentro del mar
a pescar pero no se volvía a saber nada de ellos.
La esposa de
un pescador estaba cierta vez triste y desesperada por la tardanza de su
esposo, cuando sintió un inmenso calor en todo el cuerpo
y el reflejo
tan grande de la luz de aquel barquito; y luego ella quiso huir hacia su
humilde hogar, pero quedó petrificada y una voz débil le dijo: «No habrá más
aflicciones para este sitio, pero pido que mañana, que es día de San Juan,
arrojen al mar un niño sin bautizar, a las doce de la noche, o si no, los
hombres que fueron a pescar desaparecerán».
La mujer
palideció y prometió hacer lo convenido; la barca desapareció
rápidamente.
Para esto, todas las mujeres comentaban sobre la voz que había salido de la
barca. Y una mujer, haciendo el más grande de los sacrificios, tomó a su hijita
en sus brazos; la niña estaba moribunda, desahuciada por los médicos; y con
gran pena arrojó la criatura al mar. Y una luz hizo estremecer a la mujer: era
la explosión de aquella barca que según dicen era de un pirata que estaba
condenado y que quiso salvarse haciendo desaparecer a muchos hombres; pero sólo
un niño sin pecado podía salvarlo; y es por eso que desapareció para siempre
aquella inmensa pena e inquietud de los pescadores, con el sacrificio de la
criatura moribunda. Sin embargo, aún hoy, con mucha timidez, van cerca de ese
sitio, para ver si sale la barquita mágica, pero la barquita no se asoma. Y
dicen que sólo para Semana Santa sale a las doce de la noche y da terror.
El cerro de la
Vieja y el Viejo
(Lambayeque)
Cuentan los
antepasados esta leyenda del cerro de la Vieja y del Viejo que se encuentra en
el centro de la carretera de Lambayeque a Motupe.
Dicen que en
el cerro vivían un par de viejitos; y un día se les presentó
Nuestro Señor
Jesucristo en persona, y como tenía sed, les pidió por favor le dieran agua; y
los viejos le negaron; y entonces Nuestro Señor Jesucristo, en castigo, los
convirtió en cerros. Y dicen que cada año cae una piedra de los cerros y que
éstos lanzan sus quejidos.
El cerro de la
Campana
(La Libertad)
Contaba muy
pocos años, cuando una de aquellas tardes en que la familia, entre una y otra
cosa, hace recaer la conversación sobre temas históricos, leyendas y cosas
lejanas que han ocurrido aquí o allá, que yo escuché una historia, una historia
que se grabó tanto en mi memoria, que nunca pude olvidar y la cual voy a
relatar como yo la escuché entonces:
Hace
muchísimos años de este suceso y los españoles aún eran dueños y señores del
Perú.
En un cerrito
de la caleta de Huanchaco apareció una Virgen. En ese lugar se levantó una
capilla. Poco tiempo después, y cuando ya la Capilla albergaba a la Virgen, muy
cerca se encontró una enorme campana de oro de una belleza divina; llevaba una
inscripción que rezaba: «Para la iglesia de Huanchaco». La noticia se difundió
en un momento y llegó hasta Trujillo. Se trató de averiguar su procedencia;
pero vanos fueron los esfuerzos porque no se supo nada. Se discutió sobre el
destino que se debía dar a la campana; según unos debía quedarse en la capilla de
Huanchaco; pero otros alegaban que no podía quedarse una cosa de tanto valor en
una caleta insignificante; que Trujillo adquiriría mayor atractivo con su
catedral adornada por esa campana; además lo mismo daba que estuviera en una
iglesia o en otra. Aceptándose la segunda opinión, y con mucho trabajo, en el
cual cooperaron muchos hombres, se trasladó la campana hasta la catedral de Trujillo.
Pero si el transporte fue difícil, mucho más costó subirla hasta la torre y
fijarla en las barras donde se debía tañer. Muy cansados y transpirando a cual
mejor bajaron los hombres de la torre para contemplar cuán hermosa se veía la
catedral con su nueva y potente campana. Mas el espectáculo no duraría; al día
siguiente, y muy temprano, acudieron nuevos curiosos a conocer la campana; pero
cuál sería su sorpresa al contemplar la torre vacía y los barrotes de la
campana rotos. ¡La campana había desaparecido!
Un mensajero
de Huanchaco vino a confundirlos más; pues, la campana se hallaba en el lugar
donde la vieron por primera vez. Pero a pesar de este raro suceso, no se
conformaron con que la campana se quedara en Huanchaco. E hicieron los
preparativos para llevarla nuevamente a
Trujillo. Esta
vez la encontraron muy pesada y tuvieron que redoblar el esfuerzo y el ingenio
para conseguir su propósito. Con todo, sintieron gran satisfacción al
contemplar la campana nuevamente en la catedral donde por segunda vez la
admiraron. Se pusieron guardianes para evitar que se repitiera el suceso que
días antes los había asombrado. Pero ¿qué sucedió? Quizá los guardianes se durmieron;
lo cierto es que al día siguiente, en lugar de la campana, estaban sólo los
barrotes rotos.
Esta vez no
podrían apoderarse más de la campana; los habitantes de Huanchaco la habían
visto pasar por el aire, en vuelo veloz, y clavarse con gran estruendo en un
cerro que queda cerca de la capilla de esa caleta.
Y ahí está y
estará; quién sabe hasta cuándo.
A la Virgen de
la capilla se le hace una gran fiesta cada cinco años y se la lleva desde
Huanchaco hasta Trujillo. En las vísperas de esa fiesta, cuentan que a las doce
de la noche se oyen los tañidos graves y sonoros de la campana; y otros dicen
que no sólo por esos días sino todos los días a las doce de la noche se oyen
unos toques como si llamaran a misa; que el repique es muy impresionante y
extraño.
Esta capilla
es notable por su Virgen y porque ahí reposan los restos del Deán Saavedra. Y
además junto a ella se halla el cerro de la Campana.
El sueño del
Pongo. José María Arguedas
Un hombrecito se encaminó
a la casa-hacienda de su patrón. Como era siervo iba a cumplir el turno de
pongo, de sirviente en la gran residencia. Era pequeño, de cuerpo miserable, de
ánimo débil, todo lamentable; sus ropas viejas.
El gran señor, patrón de
la hacienda, no pudo contener la risa cuando el hombrecito lo saludó en el
corredor de la residencia.
¿Eres gente u otra cosa? - le preguntó delante de todos los hombres y
mujeres que estaban de servicio.
Humillándose, el pongo
contestó. Atemorizado, con los ojos helados, se quedó de pie.
- ¡A ver! - dijo el patrón -
por lo menos sabrá lavar ollas, siquiera podrá manejar la escoba, con esas sus
manos que parece que no son nada. ¡Llévate esta inmundicia! - ordenó al mandón de la hacienda.
Arrodillándose, el pongo
le besó las manos al patrón y, todo agachado, siguió al mandón hasta la cocina.
El hombrecito tenía el
cuerpo pequeño, sus fuerzas eran sin embargo como las de un hombre común. Todo
cuanto le ordenaban hacer lo hacía bien. Pero había un poco como de espanto en
su rostro; algunos siervos se reían de verlo así, otros lo compadecían. `Huérfano de huérfanos;
hijo del viento de la luna debe ser el frío de sus ojos, el corazón pura
tristeza, había dicho la mestiza cocinera, viéndolo.
El hombrecito no hablaba
con nadie; trabajaba callado; comía en silencio. Todo cuanto le ordenaban,
cumplía. `Sí, papacito; sí,
mamacita, era cuanto solía decir.
Quizá a causa de tener
una cierta expresión de espanto, y por su ropa tan haraposa y acaso, también
porque quería hablar, el patrón sintió un especial desprecio por el hombrecito.
Al anochecer, cuando los siervos se reunían para rezar el Ave María, en el
corredor de la casa -hacienda, a esa hora, el patrón martirizaba siempre al
pongo delante de toda la servidumbre; lo sacudía como a un trozo de pellejo.
Lo empujaba de la cabeza
y lo obligaba a que se arrodillara y, así, cuando ya estaba hincado, le daba
golpes suaves en la cara.
- Creo que
eres perro. ¡Ladra! - le decía.
El hombrecito no podía
ladrar.
Ponte en
cuatro patas - le ordenaba entonces-
El pongo obedecía, y daba
unos pasos en cuatro pies.
Trota de
costado, como perro - seguía ordenándole el hacendado.
El hombrecito sabía
correr imitando a los perros pequeños de la puna.
El patrón reía de muy
buena gana; la risa le sacudía todo el cuerpo.
¡Regresa! - le gritaba cuando el sirviente alcanzaba trotando el extremo
del gran corredor.
El pongo volvía,
corriendo de costadito. Llegaba fatigado.
Algunos de sus
semejantes, siervos, rezaban mientras tanto el Ave María, despacio, como viento
interior en el corazón.
¡Alza las orejas ahora, vizcacha! ¡Vizcacha eres! - mandaba el señor al cansado hombrecito. - Siéntate en
dos patas; empalma las manos.
Como si en el vientre de
su madre hubiera sufrido la influencia modelante de alguna vizcacha, el pongo
imitaba exactamente la figura de uno de estos animalitos, cuando permanecen
quietos, como orando sobre las rocas. Pero no podía alzar las orejas.
Golpeándolo con la bota,
sin patearlo fuerte, el patrón derribaba al hombrecito sobre el piso de
ladrillo del corredor.
Recemos el
Padrenuestro - decía luego el patrón a sus indios, que esperaban en fila.
El pongo se levantaba a
pocos, y no podía rezar porque no estaba en el lugar que le correspondía ni ese
lugar correspondía a nadie.
En el oscurecer, los
siervos bajaban del corredor al patio y se dirigían al caserío de la hacienda.
¡Vete
pancita! - solía ordenar, después, el patrón al pongo.
Y así, todos los días, el
patrón hacía revolcarse a su nuevo pongo, delante de la servidumbre. Lo
obligaba a reírse, a fingir llanto. Lo entregó a la mofa de sus iguales, los
colonos.
Pero ... una tarde, a la
hora del Ave María, cuando el corredor estaba colmado de toda la gente de la
hacienda, cuando el patrón empezó a mirar al pongo con sus densos ojos, ése,
ese hombrecito, habló muy claramente. Su rostro seguía un poco espantado.
Gran señor,
dame tu liciencia; padrecito mío, quiero hablarte - dijo.
El patrón no oyó lo que
oía.
¿Qué? ¿Tú eres quien ha hablado
u otro? - preguntó.
Tu licencia,
padrecito, para hablarte. Es a ti a quien quiero hablarte - repitió el pongo.
Habla ... si
puedes - contestó el hacendado.
Padre mío, señor mío, corazón mío - empezó a hablar el hombrecito -.
Soñé anoche que habíamos muerto los dos juntos: juntos habíamos muerto.
¿Conmigo? ¿Tú? Cuenta todo, indio -
le dijo el gran patrón.
Como éramos hombres muertos, señor mío, aparecimos desnudos. Los dos
juntos: desnudos ante nuestro gran Padre San Francisco.
¿Y después? ¡Habla! - ordenó el
patrón, entre enojado e inquieto por la curiosidad.
Viéndonos muertos, desnudos, juntos, nuestro gran Padre San Francisco
nos examinó con sus ojos que alcanzan y miden no sabemos hasta qué distancia. A
ti y a mí nos examinaba, pensando, creo, el corazón de cada uno y lo que éramos
y lo que somos. Como hombre rico y grande, tú enfrentabas esos ojos, padre mío.
¿Y tú?
No puedo
saber cómo estuve, gran señor. Yo no puedo saber lo que valgo.
Bueno, sigue
contando.
Entonces, después, nuestro Padre dijo con su boca: `De todos los ángeles, el
más hermoso, que venga. A ese incomparable que lo acompañe otro ángel pequeño,
que sea también el más hermoso. Que el ángel pequeño traiga una copa de oro, y
la copa de oro llena de la miel de chancaca más transparente.
¿Y entonces?
- preguntó el patrón.
Los indios siervos oían,
oían al pongo, con atención sin cuenta pero temerosos.
Dueño mío: apenas nuestro gran Padre San Francisco dio la orden,
apareció un ángel, brillando, alto como el sol; vino hasta llegar delante de
nuestro Padre, caminando despacio. Detrás del ángel mayor marchaba otro
pequeño, bello, de luz suave como el resplandor de las flores. Traía en las
manos una copa de oro.
¿Y entonces?
- repitió el patrón.
Angel mayor: cubre a este caballero con la miel que está en la copa de
oro; que tus manos sean como plumas cuando pasen sobre el cuerpo del hombre,
diciendo, ordenó nuestro gran Padre. Y así, el ángel excelso, levantando la
miel con sus manos, enlució tu cuerpecito, todo, desde la cabeza hasta las uñas
de los pies. Y te erguiste, solo; en el resplandor del cielo la luz de tu
cuerpo sobresalía, como si estuviera hecho de oro, transparente.
Así tenía que ser - dijo el patrón, y luego
pregunto:
Y a ti
Cuando tú brillabas en el cielo, nuestro Gran Padre San Francisco volvió
a ordenar: `Que de todos los ángeles
del cielo venga el de menos valer, el más ordinario. Que ese ángel traiga en un
tarro de gasolina excremento humano.
¿Y entonces?
Un ángel que ya no valía, viejo,
de patas escamosas, al que no le alcanzaban las fuerzas para mantener las alas
en su sitio, llegó ante nuestro gran Padre; llegó bien cansado, con las alas
chorreadas, trayendo en las manos un tarro grande. `Oye viejo -ordenó nuestro
gran Padre a ese pobre ángel -, embadurna el cuerpo de este hombrecito con el
excremento que hay en esa lata que has traído; todo el cuerpo, de cualquier
manera; cúbrelo como puedas. (Rápido!. Entonces, con sus manos nudosas, el ángel viejo, sacando el
excremento de la lata, me cubrió, desigual, el cuerpo, así como se echa barro
en la pared de una casa ordinaria, sin cuidado. Y aparecí avergonzado, en la
luz del cielo, apestando ...
Así mismo
tenía que ser - afirmó el patrón. - ¡Continúa! ¿O todo concluye allí?
No, padrecito mío, señor mío. Cuando nuevamente, aunque ya de otro modo,
nos vimos juntos, los dos, ante nuestro Gran Padre San Francisco, él volvió a
mirarnos, también nuevamente, ya a ti ya a mí, largo rato. Con sus ojos que colmaban
el cielo, no sé hasta qué honduras nos alcanzó, juntando la noche con el día,
el olvido con la memoria. Y luego dijo: `Todo cuanto los ángeles debían hacer con ustedes ya está hecho. Ahora (lámanse el uno al otro!
Despacio, por mucho tiempo. El viejo ángel rejuveneció a esa misma hora: sus
alas recuperaron su color negro, su gran fuerza. Nuestro Padre le encomendó
vigilar que su voluntad se cumpliera.
Selva: LA MINA DE SAL
En San Martín existía una mina de sal, en la cual habitaba una vieja, la madre de este lugar. Un día se presentó a la casa de una señora que había preparado yucas, y le pidió una de estas para cerciorarse si estaba bien de sal. Al darse cuenta que faltaba, soltó su moco en el batán donde estaban las yucas, y fue arrojada afuera por cochina. Les dijo que la necesitarían, que la iban a llamar, y la señora no entendió. Efectivamente, al poco tiempo, la buscaron, pero no la encontraron. Se han hecho investigaciones, y dicha mina, existe.
Sierra: LA PAMPA DE LA CULEBRA
En una pampa cercana a Cajamarca, se encuentra un muro, de forma cilíndrica parecida a una culebra; se dice que en la época incaica, la culebra, que iba arrasando con todo a su paso, llegó a la pampa, donde le cayó un rayo, luego su cuerpo se fue endureciendo , hasta convertirse en el muro que es hoy.
COSTA: El cura sin cabeza
Según la leyenda, un sacerdote mezquino falleció pues tuvo
que pagar por sus culpas; por lo que su espíritu aparecía sin cabeza a
medianoche junto al altar de la capilla. Un día un joven que se había quedado
dormido se quedó atrapado en el templo y cuando despertó encontró las velas
encendidas misteriosamente. Asustado, empezó a pedir ayuda pero nadie lo
escuchó. Entonces, vio aparecer en el altar al cura sin cabeza. El muchacho
estaba aterrorizado; sin embargo, el cura le dijo que no temiera y que él solo
quería celebrar una misa. Sin otra opción el muchacho se arrodilló y escuchó la
misa. Al término de esto el espíritu se fue y no volvió a aparecer en la
capilla.
SIERRA: El hombre dormido
Un indígena se levantó contra el inca y huyó pero en el
camino que conduce a Jesús se sintió cansado y se echó a dormir. Por
su ofensa al inca el Sol lo sumió en un sueño eterno. Es por esto por lo que
mucha gente que va de camino a la fuente termal de Jesús puede ver al indígena
sobre el cerro.
SELVA: Los chanchitos
Un señor que tenía la costumbre de regresar de su chacra en
la noche una vez cuando estaba a mitad de camino se encontró con unos
chanchitos diminutos que le impedían seguir caminando. Después de un rato los
chanchitos se empezaron a volver más grandes y más furiosos. A duras penas
logró llegar a la ceja del pueblo; sin embargo, de pronto se encontró dentro de
un bosque y los chanchos le cerraban el paso obligándolo a entrar cada vez más
en el bosque. Desesperado, comenzó a orar y en un instante se encontró
nuevamente en el mismo sitio donde aparecieron los chanchitos. Libre al fin,
comenzó a correr hasta que llegó a su casa. Al entrar violentamente cayó
desmayado y comenzó a botar espuma por la boca, su mujer e hijos lo ayudaron y
al escuchar lo que había pasado supieron que el Chullachaqui había sido el
autor de todas esas visiones. El señor no volvió a viajar de noche.
Costa: LA FIESTA DE LOS NEGROS
La historia relata cómo el puerto del Callao, que, en ese
momento se extendía hasta la Isla San Lorenzo, se separa de esta parcela de
tierra. La razón fue la furia de Dios causada por los bailes inmorales que
festejaban los negros que vivían en ese puerto, las consecuencias fueron un
fuerte oleaje que acabó con el deceso de todos esos individuos, y la eterna
separación del Puerto del Callao con la Isla San Lorenzo.
Sierra: YANACOCHA
La leyenda comienza con el exterminio de los españoles en la batalla de Ayacucho, y la necesidad de estos de esconder sus tesoros en un lugar, para no someterlos a los enemigos. Estos encuentran una laguna, y los lanzan ahí. La laguna era cristalina, pero al penetrar los tesoros en tan preciosas aguas, se tornó en color negro, y se le llamó la laguna de Yanacocha. Después de haber pasado un tiempo, se lanzó un hombre, en búsqueda de estos tesoros tan ricos, pero falleció en el intento. Se dice que a medianoche sale un toro amarrado con una cadena de oro sujetada por una sirena, el toro es el joven que trata todos los días de liberarse.
La leyenda comienza con el exterminio de los españoles en la batalla de Ayacucho, y la necesidad de estos de esconder sus tesoros en un lugar, para no someterlos a los enemigos. Estos encuentran una laguna, y los lanzan ahí. La laguna era cristalina, pero al penetrar los tesoros en tan preciosas aguas, se tornó en color negro, y se le llamó la laguna de Yanacocha. Después de haber pasado un tiempo, se lanzó un hombre, en búsqueda de estos tesoros tan ricos, pero falleció en el intento. Se dice que a medianoche sale un toro amarrado con una cadena de oro sujetada por una sirena, el toro es el joven que trata todos los días de liberarse.
Selva: LA MINA DE SAL
En San Martín existía una mina de sal, en la cual habitaba una vieja, la madre de este lugar. Un día se presentó a la casa de una señora que había preparado yucas, y le pidió una de estas para cerciorarse si estaba bien de sal. Al darse cuenta que faltaba, soltó su moco en el batán donde estaban las yucas, y fue arrojada afuera por cochina. Les dijo que la necesitarían, que la iban a llamar, y la señora no entendió. Efectivamente, al poco tiempo, la buscaron, pero no la encontraron. Se han hecho investigaciones, y dicha mina, existe.
Sierra: LA CIUDAD DESTRUIDA
En Puyuya había una población indígena que por aparición de
los españoles se refugiaron en un cerro y quedaron encantados. Desde entonces,
todos los meses se oyen ruidos y llantos de indios. Poco después, se construyó
una iglesia que tenía una campana de oro, los indios salvajes del Alto Marañón
invadieron la ciudad y decapitaron a los habitantes. Un fraile español regresó
en busca de la campana de oro, encontró la ciudad destruida y escribió el
siguiente cuarteto:
Jaén de Bracamoros,
refugio de vacas y toros,
esqueleto de ciudades
y desengaño de todos.
Selva: LA CAPIRONA
Cuentan que los hijos de una familia de leñadores preguntaron
a su abuelita sobre los sonidos de la capirona, su abuela contesto de que el
primer sonido semeja el llanto de una criatura, y que grita de ese modo porque
nace un varón que en el futuro la convertirá en trozos de leña; y que lanza el
segundo grito y ríe porque nace una niña de la cual no se espera nada malo,
razón por la cual se alegra y muestra así su contento. Esta creencia sigue
teniendo efectos en los leñadores de la región amazónica.
Sierra - LA PIEDRA DE JAYAC
Trata de una señora de Shipashbamba que tenía un esposo que
al maltrataba. Un día se perdió un novillo y el esposo la mando a buscarlo
advirtiéndole que si no lo traía la mataría; ella partió un su hija y un
perrito, pero no lo encontró, afligida se sentó a llorar sobre una piedra en
Huembro. Dios la vio y la convirtió en piedra, aun puede verse hoy y la gente
la llama Piedra Jayac o del Hambre.
Selva - LA PINSHA
En la provincia de Ucayali vivía un matrimonio con un solo
hijo, este era extremadamente holgazán. Pasó por ahí un día una bruja con una
gran nariz que, queriendo ayudar a los padres y castigar al hijo por burlarse
de ella a causa de su nariz, lo transformó en un pájaro con un pico larguísimo
condenándolo a solo poder beber el agua de la lluvia. Desde entonces existe la
Pinsha y se oye su canto pidiendo agua a Dios.
Costa: LAS
BRUJAS
Una familia que vivía mama e hija, entonces la hija conoció a un joven y el joven se enamoró de la chica e iba siempre a visitarla a su casa, el nunca había sospechado nada, pero un día que fue a visitarla, noto que no había nadie y le pareció raro, entonces el joven se asomó y al ver bien vio a la mama diciéndole a la chica que si no encontraba un corazón rápido ella iba a morir y el joven asustado por lo que vio y escucho fui a decirle al alcalde lo que paso, y sin pensarlos las buscaron inmediatamente para poder quemarlas.
Una familia que vivía mama e hija, entonces la hija conoció a un joven y el joven se enamoró de la chica e iba siempre a visitarla a su casa, el nunca había sospechado nada, pero un día que fue a visitarla, noto que no había nadie y le pareció raro, entonces el joven se asomó y al ver bien vio a la mama diciéndole a la chica que si no encontraba un corazón rápido ella iba a morir y el joven asustado por lo que vio y escucho fui a decirle al alcalde lo que paso, y sin pensarlos las buscaron inmediatamente para poder quemarlas.
Costa: LA HUEGA
Cerca
de Ica, siempre se hallaba una mujer mirándose al espejo, Un día un caminante
se le acercó, ella se asustó y salió corriendo, dejando caer el espejo y así se
formó la laguna de la HuegaSierra: LA PAMPA DE LA CULEBRA
En una pampa cercana a Cajamarca, se encuentra un muro, de forma cilíndrica parecida a una culebra; se dice que en la época incaica, la culebra, que iba arrasando con todo a su paso, llegó a la pampa, donde le cayó un rayo, luego su cuerpo se fue endureciendo , hasta convertirse en el muro que es hoy.
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